Brindemos

Gabriel Argumosa

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Brindemos

Estamos en fechas especiales y en una situación social extraordinaria, pero hay que mirar para adelante y que no nos falte la alegría. Junto a los buenos deseos brindando con tal fin, lo cual haremos por norma general con un vino blanco espumoso. No me he confundido, pues tanto el champán como el cava no dejan de ser vinos espumosos, blancos generalmente, con una elaboración particular. Por otra parte, los llamamos blancos y no lo son, pues suelen tener un color pajizo, con tonos verdosos unas veces y amarillentos en otras. A nivel popular se suelen oír: “vamos a brindar con champán”, e incluso lo he oído cuando se ha hecho con la sidra achampanada elaborada en Asturias, aunque se suele realizar en nuestro medio social con cava o con un vino espumoso sin ser acogido a la denominación Cava.

Champagne, cava y vinos espumosos

Se trata de la misma bebida, elaborado con uvas distintas por el método champenoise, originario de Francia, en concreto de la región de Champagne, cuya ciudad más conocida es Reims.

Hasta la segunda mitad del siglo XX lo que conocemos ahora como cava se exportaba a Europa como “Spanish Champagne”, denunciando tal nombre los franceses y adoptando la denominación Cava a partir del año 1966. La palabra cava se suele asociar a Cataluña, pero os tengo que recordar que también elaboran tal vino, protegido por la denominación de origen Cava, bodegas de La Rioja, Álava, Zaragoza, Navarra, Badajoz y Valencia. Luego hay otros vinos espumosos elaborados en nuestro país, que no se pueden vender ni como champán ni como cava y se denominan simplemente vino espumoso, entre los que podemos encontrar a dos vinos cántabros.

El brindis

Parece ser que el origen del brindis se remonta a los tiempos de la antigua Grecia, donde el anfitrión para demostrar que el vino no estaba envenenado, levantaba la copa, la mostraba ante los invitados y bebía de ella. En cuanto al detalle de chocar las copas proviene de intentar que saltase el contenido de una a otra, dando aún más confianza ante la posibilidad de envenenamiento. Actualmente ese choque de las copas está considerado en ciertos ambientes “como de mal gusto”. Pero recordad que, en cada país, existen sus costumbres y detalles al respecto.

Ya que tenemos en nuestras manos un vino espumoso, os aconsejo disfrutar con él durante toda la comida y no dejarlo únicamente para el brindis y momentos posteriores, pues se ha llegado a asegurar que los únicas bebidas que maridan o armonizan con todas las comidas son el agua y el vino espumoso, sobre todo si se trata del tipo brut nature, que solo contiene entre 0 y 3 gramos de azúcar por litro, dado que se trata de un vino no invasivo, que no se impone a ninguno de sus acompañantes, dejándoles su protagonismo.

Un consumo habitual

Como muchos productos y en concreto los de contenido alcohólico, se les atribuyen efectos casi infinitos: a nivel cutáneo efectos de proveer a la piel de colágeno y elastina y a nivel psicológico la lista es casi infinita, eso sí, dudosa. Lo que está muy claro es que en la historia ha habido consumidores de vinos espumosos convencidos, uno de ellos fue Napoleón Bonaparte, que sobre su consumo nos dijo: “En la victoria lo mereces, en la derrota lo necesitas”. Se ha escrito que este general francés, siempre hacía acopio de champagne antes de acudir a una guerra, de hecho, sus tropas manejaban perfectamente la técnica del descorche con su sable en las celebraciones. Pues bien, con ocasión de la batalla de Waterloo no pasó por Reims a hacer acopio de tal vino, y esa batalla que perdió significó el final definitivo de su imperio.

No dejéis el consumo del vino espumoso para estas fechas o para cuando estéis en un pódium. Recordad que su consumo es motivo de celebrar cualquier momento que represente: vida, nacimiento, matrimonio, deseos de salud y alegría. O id más allá y como nos dijo Coco Chanel: “Solo bebo champagne en dos ocasiones: cuando estoy enamorada y cuando no lo estoy”. Por tanto, todos los días son buenos y no olvidad el consumir los vinos espumosos de nuestra tierra.

Gabriel Argumosa
Academia Cántabra de Gastronomía